El tren del Norte

El tren del Norte

En aquellos años, igual que hoy -o aún más-, las esperanzas de cualquier muchacho que quisiera transcender estaban fuera de su tierra. Cualquier tierra de provincias alejadas de la producción industrial o de la concentración del sector público, había sido conquistada por la desidia y los intereses mundanos de pequeñas y rancias oligarquías locales. Nada más podría tomar vida. El deseo de escapar por aquellas pantallas de cine y TV, desde donde se nos mostraban héroes, gestas y gentes nadando tan ricamente en sus libertades individuales, se revolvían obsesivamente en una sola idea: ¡Hay que escapar!

El tren y el Norte eran las dos puntas de la brújula que todo buen emprendedor debe guardar en su cartera. Una dirección precisa llena de visicitudes Homéricas pero salvables y una máquina potente, capaz de abrirse paso entre vastos territorios, -igualmente narcotizados por mezquindades- hasta llegar al destino imposible de atravesar. Allí vivian las oportunidades.

¿Como no soñar? Con esta canción tomé la decisión pero no llegó hasta años más tarde. Yo sabía que John Wayne, Elizabeth Taylor y Richard Burton no eran mis heroes y los hijos de USA sí eran imperialistas y por tanto enemigos a la vista. Con este pasaporte me uniría a las fuerzas progresistas, a derrotarlos …. Yo creía.

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